Me dan ganas de empezar este blog con alguna entrada graciosa sobre cómo he terminado en lugares de los que no tenía ni idea de que existían por haber estado distraída, pero creo que mejor lo comenzaré con lo más badass que recuerdo haber hecho alguna vez en mi vida.
Hace muchos años, cuando aún era una niña que no superaba los 10 años, pasaba el tiempo con la que en ese momento era mi única amiga en el colegio. Solíamos pasar los recreos juntas (porque sí, en esas épocas se le decía recreo), siempre caminábamos el colegio de aquí para allá comiendo y riéndonos de quién sabe qué cosa (porque no recuerdo ni su nombre). Estoy casi segura de que nos hicimos amigas porque ella se matriculó tarde en ese grado e ingresó al salón de clases por ahí a mediados de febrero.
Yo no era el tipo de niña que se ponía a hablarle a la gente así porque sí, más bien era tímida y siempre terminaba recluida a mi silla, sinceramente no recuerdo muy bien cómo nos empezamos a hablar. El punto es que un día, una de los tres profesores que nos dictaban clases entró al salón interrumpiendo la clase del profe que estaba ahí (que por cierto era su esposo), preguntando por cinco estudiantes varones que quisieran cuidar la parte trasera del colegio. Les contaré, el final de mi colegio tenía un ligero "abismo" que para un niño de quinto de primaria no era nada, pero que para los de primero y/o preescolar era la muerte; esa era la razón por la que allí estaba la profesora pidiendo por cinco niños, "fuertes y valientes" que quisieran cuidar esa parte para que no hubieran más caídas.
Ese día, como cualquier otro, mi amiga y yo nos apretujamos en la cafetería escolar y compramos lo de la merienda, empezamos a caminar y nos encontramos con nuestros compañeros de clase. Uno de ellos en particular nos hizo mala cara y casi nos gritó que nosotras por ahí no podíamos pasar, obviamente nosotras nos sorprendimos porque se suponía que eran los niños de primero y preescolar los que tenían esa restricción. Mi amiga se enojó y se alejó de nosotros un momento diciéndome que ya volvía. Al regresar traía una botella de vidrio de coca-cola en la mano, la alzó en dirección a él y le preguntó que si la iba o no a dejar pasar, mi compañero, con miedo, la dejó pasar y yo, al tratar de hacer lo mismo, fui "retenida" por él porque yo sí que no podía pasar. Mi amiga intentó pasarme la botella de vidrio para amenazarlo a él pero me alejó de ella y pasó su brazo por mi cuello casi ahorcándome.
A pesar de que era una niña tímida estaba empezando a mostrar unos pocos signos de violencia, cosa que solo sabían mis vecinos. La cuestión es que le mordí duro el brazo que estaba alrededor de mi cuello y él me soltó y se volteó quejándose de la mordida, por lo que aproveché y lo patee desde atrás alcanzando a pegarle en las bolas, él se tiró al piso mientras mi amiga se reía; con rabia me voltee a mirar a mis otros compañeros y les dije:
"¿Alguien más no me va a dejar pasar?"
Tan asustados estaban que ni siquiera respondieron, simplemente negaron con la cabeza y se pegaron a la pared cuando ella y yo pasamos muertas de la risa. Cuando pasamos por el "abismo" sentí como nuestra amistad se intensificaba... Luego la sacaron del colegio y nunca más supe de ella, al punto en que ni siquiera recuerdo el nombre.
Fin <3